El gran
arte gótico nació en Francia en la segunda mitad del siglo XII.
Afortunadamente,
desde el romanticismo del siglo XIX, el arte gótico se considera una de las
manifestaciones más sublimes de la arquitectura de todos los tiempos. En
contraste con la arquitectura del románico, cuyas características esenciales
son los arcos de medio punto, las estructuras macizas con escasos vanos y las
bóvedas de cañón o arista, la arquitectura gótica empleó el arco apuntado,
agujas, chapiteles y gabletes, reforzando el sentido ascensional que pretende
transmitir el edificio, amplios vanos con tracerías caladas para conseguir la
máxima luminosidad y estructuras reducidas al mínimo. Lo
más característico del arte gótico es su arquitectura, que ha prevalecido hasta
hoy para ser admirada por todo el mundo, especialmente expresada en la
catedral. Se caracteriza por el uso del arco apuntado y la bóveda de crucería,
en la que los empujes están concentrados en los ángulos, permitiendo así abrir
grandes ventanales en los muros laterales. Los arcos son importantes al enlazar
los ángulos de la bóveda con contrafuertes exteriores.
En la ciudad de san miguel
se puede apreciar el arte gótico en la capilla conocida como la Medalla Milagrosa,
ubicada en la 7ª avenida norte y 4 calle poniente, Barrio San Felipe, San
Miguel.
Tras las
inclemencias del tiempo, estas piezas tuvieron que ser restaurados en 2006 por
el taller salvadoreño de Sandra Morales.
La capilla
alusiva a la Medalla Milagrosa es un templo peculiar que tiene más de 100 de
antigüedad. Se localiza en el mismo predio donde funcionó el antiguo hospital
central “San Juan de Dios” de este lugar. Este recinto ha sido resguardado por
religiosas de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
La historia
relata que a principios del siglo XIX, Sor María Morín, originaria de Bélgica,
ejerció labores de misionera en el sanatorio. La religiosa quiso proporcionar a
los pacientes un lugar de meditación y fortaleza espiritual para los enfermos y
sus familiares.
En 1904 comenzaron
las obras de construcción con el diseño de planos que proporcionó el coronel
Asunción Azucena, quien estuvo ingresado ese mismo año y apoyó la iniciativa de
Morín. Azucena falleció y sor Morín continuó con las obras. Las religiosas
trabajaron por rescatar este patrimonio de San Miguel y realizaron trabajos
para mantenerlo en buenas condiciones.